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Esas horas dónde la belleza ni es el cánon griego ni el de Hollywood ni el de la revista Cosmopolitan sino lo que hay a mano : El talón partido la mueca viuda de algún grito el aliento inmundo que escolta las confidencias. “Mira, esta cicatriz me la ha hecho un soldado japonés y el qui fa això és un porc”. Se levanta el abrigo telón de ese cuerpo que hace un acto ya es encore. Yo no conozco soldados japoneses ni a su último marido que le puso un ojo negro ni al mosso d’esquadra que hace un año le quebró como caña el brazo “Y ahora mira no puedo subirlo más allá de esta altura”. Yo no le cuento nada ni quiero hablar ni me oye. Jóse saca proporciones pinta a la mujer en un cuaderno lo viene pintando todo desde que cayó en El Prat el pájaro de Iberia, pintó un restaurante un hotel en la Rambla trazó las líneas de los ojos de Alícia inventó otras manos para Carme, Levantó a pluma el par de tetas que bajaba por Aribau. Las ciudades se escriben o se dibujan años después se abre el cuaderno y entonces se miran y se conquistan y entonces otra vez se fundan: la ciudad fue y ahora es tinta letra trazo: el trazo y la letra de la piedra. La mujer alza el telón su abrigo Bar Kentucky,Barcelona, 4.15 A.M., final del siglo, la mujer sigue me entusiasma la multitud que es este cuerpo, ahora una costura en la rodilla y un tasajo en la frente que quiso remendar un médico inexperto que fue su amante más experto. Dije adeu a la bella y al último marido al médico y al mosso me despedí al final del soldado japonés. Salí sin nadie no sé si solo. |