COPTHORNE
por Jordi Soler


Esta habitación de hotel es mi espejo
aquí me veo :
un pasaporte,
un vaso chato nublado por la impresión de tantos dedos
una libreta abierta en dos o en canal
no sé
depende de los dientes de la próxima línea,
una bandeja con los restos del desayuno:
“esto quedó de la mañana dear lady
retíreme cuanto antes este sol viejo y este jilguero afónico”;
un boleto de Air France
un montón de billetes doblados por la mitad donde conviven dólares,francos y pounds
un libro de Kapuscinski que deja salir las ventiscas de Siberia
“I beg you Sr, podría cerrar su libro, mi esposa tiene frio”, me dijo ayer un gentleman en el restaurante;
1/2 botella de White Horse,
un par de anteojos para ver de lejos,
un empaque vacío de un sandwich de cheese & pickle que costó 1.49 libras
media cajetilla de cigarros franceses
un cenicero
el empaque de un reloj que le compré a Alexandra
Un recibo del Nicholson’s Public Bar donde está escrito con letra firme y de trazos largos :
Guiness Draft
Beef
Guiness Draft
Expresso
Total: 14 pounds;
mis botas
la camisa de ayer
una botella de Evian.
Mi corazón late dormido debajo de la cobija eléctrica,
de pie junto a la cama,
rodeado por los objetos que soy,
le doy vueltas a la idea de protejerlo,
idea loca, ya lo se,
pero a estas alturas de mi vida el shock sigue pasando primero por el corazón,
luego se reparte
se acomoda
y se digiere o me jode la vida.
Aquí duerme el músculo que lo complica todo
o que me salva:
si la desgarradura es excesiva
estalla
para que no vuele en pedazos todo el cuerpo,
de otra forma sería raro
poco natural :
me estalló un muslo a causa de tu amor
te fuiste y no aguanto el dolor en los codos.
Afuera el frio de London City araña las ventanas
lo oigo maullar
no pienso despegarme de mis 26 grados centígrados por calefacción,
ni de la galaxia que soy
y que por toda la habitación me encuentro.